31 de octubre de 2014

No sé

Yo no sé del protocolo de la muerte, pero supongo debe haber reglas básicas al momento de cumplir este irremediable momento.

Curioso es que jamas un funeral es como se ve en el cine o en la televisión, no hay orden, no hay palabras bonitas, no todo el mundo viste de negro, no bajan el féretro lentamente, nadie tiene flores en las manos para lanzarlas como ultimo detalle y los llantos son mucho mas dramáticos de lo que uno podría esperar.

No sé, será que los funerales en la costa del pacifico mexicano no se prestan para tanta ceremonia y tanto ritual. El calor agobiante, los llantos inunda la atmósfera, los músicos estorban, los insectos pululan por todos lados y la prisa es la regla general al momento de abandonar bajo tierra a un ser humano.

Tengo miedo a la muerte, supongo es lógico, pero también tengo miedo a envejecer, aunque jamas me había puesto a pensar en ellos hasta que la muerte parece apuntarte súbito una tarde de agosto cargada de humedad y sin rastro aparente de lluvia. Entonces me di cuenta de que cada día es un paso mas para convertirse en polvo, nadie sabe cuando llegara ese momento, ni las causas, pero todos sabemos que vendrá. Pero concentrarse en la cotidianidad no permite ver el hecho, de que así como el universo traza su camino hacia ninguna parte, así nuestro sistema solar gira sobre la galaxia y nuestro planeta alrededor del sol y nuestra vida es relativamente poco comparado con los ciclos estelares. He meditado tanto sobre eso y me parece imposible, pero es así, al menos eso lo sé, el tiempo pasa y con ello mi juventud comienza a deteriorarse lentamente y saberme viejo es agridulce, sobre todo cuando aun no me veo como un adulto en forma.

Hay tanto que no sé aun, que temo envejecer antes de poder cumplir lo que he soñado. Pero al menos ahora tengo la certeza de que hay una fecha limite y la vida es solo eso, aprender, disfrutar, sentir y cumplir un ciclo en este universo que viaja sin rumbo fijo y que consigo lleva galaxias y estrellas, donde simplemente somos un momento.


5 de agosto de 2012

En la noche



Es medianoche, justo cuando el último transeúnte recorre la calle. Solo hay una sombra breve que se agita ligera en la penumbra de la pared. El silencio nocturno aquí no es lo que uno se imagina: los ladridos lejanos, el televisor insomne, el aleteo de los insectos, la música de los grillos, el viento inquieto, en ronquido incierto.

De a poco los pasos del transeúnte van tornándose difusos y dispersos, el alcohol ha hecho efecto, se tiende en una esquina e intenta levantarse, mientras la sombra de la pared acecha.

La lampara de la calle tintinea y se duerme, dejando a la noche extenderse a sus anchas. Súbitamente en lo alto del poste despierta produciendo una sensación de relámpago sin trueno pero vuelve a caer rendida en los brazos de Morfeo. Las estrellas no alcanzan a iluminar la calle, es cuando la sombra por completo desaparece, no existe simplemente.

El transeúnte se agita y despierta, sobresaltado por la oscuridad, maldice a todo aquello que atraviese su mente. Se recarga en la pared intentando detener el vértigo oscuro que lo envuelve pero es demasiado tarde, el vomito amargo hace charco justo a su lado.

La lampara se enciende, sorprendida por el súbito lapsus que ha sufrido, observa como la sombra emerge y permanece oculta de espaldas al transeúnte. Se mantiene quieta esperando el ronquido que le indique una inconsciencia total.  La luz la alimenta. Se desprende y escapa del cuerpo que le da forma y se decide a cumplir su cometido. 

En la esquina de la calle se escuchan unos gritos ahogados, la lampara temerosa cierra sus ojos para no ser testigo de otro crimen dejando a la noche extenderse nuevamente.

Al amanecer el transeúnte despierta bañado en su propio vomito, con las marcas de la asfixia en su cuello. Se levanta y camina incierto sobre la calle por el sol iluminada, mientras lo sigue a sus pies su peor enemigo.

14 de junio de 2012

Flores podridas

Llovía, el suelo deslizaba rápidamente cualquier sensación absurda. Baje del autobús, en la húmeda terminal justo cuando comenzaba el día. Adolescentes con uniformes bajaban y subían presurosos por el puente peatonal frente a donde decidí esperar mientras el agua comenzaba a escurrirse calles abajo, hacia el mar. Taxi tras otro se detuvieron frente a mi, pero pensé que aun no era hora para llegar a casa. Cuando me canse de estar de pie y seguro de que ya no podría mojarme simplemente me encamine hacia el centro de la ciudad, a un par de cuadras detuve finalmente un taxi.

- Al cereso por favor - Dije con una voz que me pareció no era la mía.
- ¿Directo o por la prepa? - Pregunto un ojeroso taxista.
- Da igual, es la misma mierda - Respondí de nuevo con esa voz extraña.

El auto comenzó su travesía en el transitar absurdo de las mama voyager y los niños frenéticamente somnolientos en el asiento trasero. Los semáforos no ayudaban en la sensación angustiosa del ir a vuelta de rueda. El taxista en cuanto pudo tomo la lateral, donde fluía con mayor rapidez la vorágine de automotores. Seria en vano, uno de los carriles estaba prácticamente ocupado por una procesión funeraria. Tardamos doce minutos en estar a la altura del féretro que estaba envuelto por la carroza blanca de la única funeraria de la ciudad.

- ¿Ha olido un muerto? - Me preguntó el taxista sin poner atención a la procesión.
- No - Respondí sincero, mientras observaba el luto que se extendía sobre una cuadra completa.
- Es como oler flores que han estado en el agua muchos días - Dijo secamente.
- Eso si lo he olido, pero no creo que un cuerpo humano huela así - Le asevere buscando su cara en el espejo retrovisor.
- Nunca lo haga joven. Ya he olido el cuerpo de un muerto. Desde entonces cuando ese olor de flores podridas en agua me llega, recuerdo claramente a todos los muertos - Comento mirando fijamente al frente.

El teléfono comenzó a timbrar, observe quien llamaba y decidí no contestar pero fingí que lo hacia para dejar de hablar con el taxista. El auto comenzó a acelerar su velocidad avanzamos a toda prisa varias cuadras cuando de pronto el taxi cayó en un bache obligándolo a girar sobre la calle hasta finalmente detenerse con un árbol. La sorpresa de todo aquello me dejo perplejo, vi como el taxista tenia rastros de sangre en su rostro que miraba hacia mi con unos ojos vacíos por completo. Inmediatamente busque el modo de salir de ahí, la puerta estaba trabada, empujaba con fuerza escapar de esos ojos que sin duda no volverían a ver.

Cuando por fin pude salir, alguien estaba de pie observando lo que había en la cajuela del taxi. Extrañado camine para ver que podía ser. Un olor a flores podridas me llego entonces.

Desde ese día cuando me llega el olor de las flores muertas en agua recuerdo vividamente el día en que perdi mi libertad.

9 de febrero de 2012

Naive


No sé que fue primero, si el olvido o el recuerdo.

Es de esas cosas engañosas que ocurren cuando se suele mezclar los sueños con la realidad, de repente uno termina viviendo en un sueño y soñando lo que es real. Lo mas extraño quizá es que cuando se revisa el pasado, todo es difuso, incoloro, pastoso. Entonces cuando se intenta buscar algún trazo firme en el pasado te encuentras con una vorágine de hechos ficticios, reales e inventados, todo junto sin tener una mínima coherencia lógica. Buscar algo en el pasado es estúpidamente imposible, frenéticamente inconcebible.

Tantos años. Conforme el tiempo se queda en mi rostro, me doy cuenta de que mi mente también divaga en un sin fin de intenciones. Pero me mantengo en ese estado de infantilismo absurdo y de inconsciencia total. Me estaciono en el estado mas inocente que encuentro: la ignorancia, la estupidez, el estoicismo y la indiferencia.

A veces recuerdo pero no se si lo que recuerdo paso en verdad, fue parte de un sueño o me lo invente en un vano intento por evadir la realidad. Como sea que fuere, resulta muy normal que nadie recuerde las cosas como las recuerdo. Entonces escucho y callo, me dejo llevar por los recuerdos ajenos, intentando mantenerme a flote en ellos, pero es imposible. No los siento míos. Irremediablemente vuelvo a mi obstinada realidad modificada, cierto, pero mía.

A veces olvido mas últimamente, será acaso que la edad de a poco me carcome la memoria. Tan sutil es el olvido que de pronto no sé que me encuentro haciendo. Intento en vano ir tras mis pasos para entender la causa que me obliga a permanecer, mas sin embargo pocas veces logro conocer el porque de mis elucubraciones. En ocasiones olvido mi nombre, si, por tonto que pueda parecer, me olvido de las cosas mas básicas, entonces busco en mi pantalón algo que me ayude a reconocerme y ahí esta, una fotografía mía de cuando tenia 25 años con mi nombre a lado.

No sé que fue primero, si el olvido o el recuerdo.

Ni tampoco si en algún punto mi mente se ha perdido de eso que llaman realidad y vivo en un mundo que solo existe para mi, donde el miedo de ser abducido me persigue como cuando era niño y cada vez que intento correr mis piernas se vuelven de lodo y entonces me hundo en el suelo para terminar en una caída libre inesperada donde nunca jamás llego a romperme.

Ingenuo tal vez no sea la palabra que busco. Ni tampoco sé que es lo que busco cuando me detengo a respirar en este espacio. Simplemente que a veces, me da por estar en ningún lado justo cuando todo el mundo puede verme.

Debería tal vez no soñar tanto, amarrar la imaginación que me sostiene y aterrizarme de una vez por todas en el cruel mundo que cada día nos despierta, entender que la vida es ese trayecto absurdo de sinsabores que ocurren durante 24 horas. Pero para mi al menos la vida es mas que eso, en mi mundo suelo acomodarle remiendos al tiempo para poder existir al menos dos veces en medio del caos que a veces dirige en mi día y en mi mente.

28 de noviembre de 2011

Tu Voz


Tu voz.... es como probar el ayer en tiempo imperfecto, como sentir que la distancia no existe y sin embargo el sonido se traslada eléctricamente a mil kilómetros de mi a través de mil cables, antenas y señales con el riesgo de atascarse en la estática, pero a pesar del todo el ruido puedo claramente reconocer esa sensación agradable que me produce el sonido que surge del teléfono.

Tu voz, me suena a tantas cosas buenas, despertándome una sonrisa estúpida pero sincera. ¿Dónde es que surgen de pronto estas sensaciones volátiles? Escucharte y presentir que te conozco de toda la vida, como si el tiempo no existiera.

Tu voz es mágica, porque al fin de cuentas es reconocer a quien amo y sentirme unido en un circulo único e imperecedero. Sentirte es trasladarme a tiempos mejores aun cuando no me hayas visto crecer pero en mi tu voz es una señal de que la felicidad puede caber en una simple llamada telefónica.

Tu voz tiene los matices necesarios para permitirme escapar a un universo de juegos y adivinanzas, de misterios y un gato con cola de hilo. De nieve en un refrigerador oxidado, recargado en una pared de tierra, arrullado por los cantos de las palomas que transitan sobre mis ojos y correr hasta el final de la calle llena de piedras esperando encontrar en cualquier parte las pequeñas cosas que te hacen feliz.

Tu voz es la misma que cada verano se repite, la que cada en vacación se multiplica y crece, causándome confusiones ridículas mientras las escaleras solo sirven para bajar y subir solo es posible si tienes alas. Así de absurdo es todo aquello que me recuerda tu voz.

Esta tarde tan lejana y extranjera se ilumina de pronto cubriendo las paredes de fotografías y cartas que nunca tuvieron silencio. Logrando que las monedas y las piedras se alineen en el piso de la cocina y dibujen círculos de tiempos perfectos redactados en tiempo presente continuo. Y simplemente me dejo arrastrar en la vorágine de sensaciones que tu voz me regala para finalmente aterrizarme en el suelo cubierto de polvo y de risas grabadas en papel.

Tu voz es un universo de pequeñas cosas, de cosas que todo el mundo ha creado en su memoria, diseñado con fragmentos de la vida que hemos caminado juntos pero sobre todo de las cosas que aun nos faltan por construir.

Te espero.

Para siempre.

27 de noviembre de 2011

Si pudieras verme



A veces, el futuro me produce una extraña sensación de incertidumbre... de miedo. Uno no sabe lo que vendrá mañana ni tampoco si tendremos la fuerza para enfrentarlo, aunque he aprendido a sonreír en la oscuridad, no sé si mañana cuando todo el mundo desaparezca pueda estar en pie y recordarte bien.

La vida ha cambiado tanto, he descubierto una vez mas que la soledad no es algo que pueda alterarme, pero también descubrí que me haces mucha falta aun cuando las diferencias entre nosotros creen un abismo ligero que tan solo con un paso podemos cruzarlo.

El día se pasa, llega otro, todo parece irse ajustando a la nueva realidad, excepto que me faltas tu y temo que tu presencia siempre sea un hueco difícil de llenar. Sabes que podría hacer todo lo que este en mis manos por hacerte feliz pero a veces no puedo y me quedo en el intento. Y sin embargo tu también lo pasas mal. Nadie pediría esto, castigo o prueba, uno nunca podrá saberlo, lo que único que sabemos es que aquí esta el mal y nos esta carcomiendo por dentro.

En las sombras de las horas grises, a veces solo deseo que el tiempo cambiara y pudiera todo ser como antes, estacionarlo de pronto en una fecha especifica y vivir para siempre en el mismo día, tratar de ser felices todos los días aun cuando sepamos que es lo que va a ocurrir e inventar cada vez algo nuevo y diferente para que el tiempo estacionado no dañe nuestra memoria y no altere nuestros recuerdos. Pero eso es imposible, a veces mi imaginación vuela demasiado.

Si pudieras saber todo lo que he hecho para hacer de estos días grandes y luminosos, de permanecer al margen de todo y sonreírte, pensando que tal vez así son mejor las cosas. Estando a tu lado, dándote la mano, llevando tus medicinas, preparando la cena, cuidando a los niños, trabajando con la esperanza de poderte dar todo lo que ocupes y nada te haga falta... lo único seguro es que siempre estaré para ti, incondicionalmente.

Otro domingo que se va, mientras escucho el transitar común de la avenida, mientras las voces se difuminan en el aire del ventilador, mientras intento alejar el frío de mis pies y procuro no llorar sobre el teclado.

A lo lejos siempre habré de pensarte, aun cuando haya cosas mas importantes que atender. Y es que las cosas que he aprendido de ti son las que me mantienen despierto, esperando escucharte y saber que siempre hay buenas noticias.

A punto de terminar sonrío, con las cosas simples que pasan alrededor y después de reír termino pensando que la luz nunca esta demasiado oculta de nuestros ojos, solo que simplemente no queremos verla ni dejarnos atender por su gracia lumínica que evapora las lágrimas y permite ver el mundo con otro color.

No daré nada por hecho.

Te amo.

30 de octubre de 2011

Tantas cosas


Papeles, recuerdos, fotografías, notas de clase, polvo, libros, hojas sueltas, versos al aire, post-it's, itinerarios de viaje, guiones de teatro, listas de clases, poemas inconclusos, silencios atrapados en cuadernos, tarjetas de teléfono, listones, monedas, historias de universos alternos... tantas cosas en un solo librero, que por azares del destino termino estrellándose en el suelo y el destello del caos, me di cuenta de los años que tanto papel recoge.

La clase de electricidad, los apuntes de redes, los pseudocodigos, los inventos de firmas, las palabras incompletas, la letra de canciones, las paginas desiertas... mientras mas escarbo mas imágenes se me vienen a la cabeza. La voz, el aire, las tardes en la biblioteca, las tareas incompletas, los sobres de pago y las dudas que siempre aterrizaron en mi cabeza.

Tantas cosas, tanto tiempo guardado en un librero, tantos momentos congelados en el polvo de los libros que hace años no se han abierto, en los folletos que no se abrieron, en las recetas medicas de un síntoma que no recuerdo. En la estampida voraz de la memoria se me quedan suspendidas las partículas de un tiempo del cual solo quedan papeles y mas papeles que significan cosas que solo yo entiendo.

Los diagramas, los mapas, los planes escritos en la portada de un cuaderno, el teléfono y el correo electrónico de personas que se quedaron en ese tiempo, las imágenes que me recuerdan palabras, los libros que con tanto me enseñaron sin siquiera saberlo, las personas, los nombres, los rostros, las sonrisas, los recuerdos, los benditos recuerdos.

Papeles, recuerdos, fotografías, notas de clase, polvo, libros, hojas sueltas, versos al aire, post-it's, itinerarios de viaje, guiones de teatro, listas de clases, poemas inconclusos, silencios atrapados en cuadernos, tarjetas de teléfono, listones, monedas, historias de universos alternos... tantas cosas en un solo librero, tantos recuerdos como estrellas en el cielo, tanto tiempo acumulado en espacio tan pequeño, tantas cosas por olvidar y tantas cosas que mantener seguras en algún lugar de la memoria y del universo.

3 de octubre de 2011

Desierto


Sobre la arena lejana del tiempo y de la aurora se interrumpen los murmullos de la ausencia inerte del silencio. me detengo en la costra pretérita débilmente iluminada por la luz del océano interno de tus ojos.

En el calor de las cosas que se han cubierto de recuerdos, tiendo lentamente a despertar la razón absurda del olvido, a encontrar mensajes inteligentes en las cosas que alguna vez fueron.

No llueve, aun en el verano de la costa, que poco a poco desaparece de la vista, cubierta por la bruma del olvido y del encierro.

Desierto.

Completamente.

En el atardecer marciano que me envuelve, todo parece lejano: las voces, el sabor, los olores, las mañanas felices, la música, el aire de tu voz, tus manos frías incluso tus besos.

Entre el claro azul de la memoria y el cálido amarillo de lo incierto resurgen los daguerrotipos aferrados a mis huesos. En el brillante reflejo de un diamante sostengo el sutil futuro de un pueblo que ya ha muerto. El transcurso de los días de mi vida junto a ti, son eternos, aun cuando fueron efímeros, toda mi vida junto a ti no muere y permanece siempre atada a mis dedos.

Tantos años, tanto tiempo, tantas y tantas cosas que fluyen de mi mente evocando tu presencia, tu piel sobre mi cuerpo y los días hechos noches en la avaricia de la juventud, en el desasosiego de las sueños plantados en el cielo, en las guerras de los vivos y los muertos.

Siempre tu, en los cimientos de mis anhelos. Lejos, hoy tan lejos. Se desatan cada noche todas tus palabras y todos tus silencios. Tanto, tanto tiempo. No estas entre mis manos eres simplemente un recuerdo de otra vida, de otro tiempo.

Desierto.

Ausente.

Casi muerto.

16 de septiembre de 2011

Fantasma


Crujen mis dientes en el desastre del tiempo, donde todas las cosas inútiles eventualmente se convierten en polvo, sobre la estaticidad de los recuerdos que olvidamos guardar en nuestra huida pero grabados para siempre en la memorabilia de nuestros pasos ausentes que aun transitan por este río angosto de premoniciones absurdas. La mañana sonaba a un evento menos extraordinario, menos sensible al olvido, mas propenso al recuerdo.

Otra vez la voz del viento traía consigo el viento frío del norte, aun cuando en el trópico el sol se encargaba de evaporar todo rastro de humedad salina, en mis manos el metálico flash se encargaba de materializar aquello que los sentidos han perdido de vista. ¿Por que hoy?. Cuando los escalofríos carcomen mis dedos, cuando en mi garganta bulle la sofocante sensación de sudor frío. ¿Por que?.

Recorro el angosto pasillo de la habitación, dándome cuenta de como el sol comienza a elevar sus brazos mientras la humedad aumenta y el frío atenaza mis labios, quebrándolos, conteniendo mi voz.

Nada es para siempre. Entiendo las palabras. Mientras en esta estación absurda, todo pierde sentido. El reloj que tanto tiempo había guardado, destrozado cae en la marisma del silencio que borda la casa. Yo, aun espero las promesas que se perdieron al huir. Y sin embargo nada me sabe mas a miel que las cosas abandonadas a su suerte ese ultimo día. El disco de acetato, los juegos de mesa, la lámpara, las fotografías en la pared, la cama que quedo hecha, todo aquello que fue nuestro entonces pero ahora es solo parte del colectivo ausente, ahora es tan solo un objeto mas en este pueblo fantasma donde alguna vez mis manos tomaron las tuyas y mis labios besaron los tuyos, en donde alguna vez pensamos que nada de eso podía cambiar.

Pero mírame aquí. Después de tantos años. Después de perderme en los desastres que estúpidamente cometo. He me aquí, buscando algo que me sirva de consuelo, que no sean tan solo los recuerdos, algo que finalmente me de la paz que alguna vez tuve aquí.

Te amaba... te amo. ¿Por que hoy viene de nuevo tu recuerdo? En el dolor incierto de quemar las naves y olvidarme para siempre del pasado que pesa 40 años de silencios. No estas tú, es cierto. Pero imaginarte aquí es como volver a tenerte de vuelta.

Sin incertidumbre, sin ansiedad, sin enfermedad, sin tiempo.

17 de agosto de 2011

y el silencio

Veo lluvia en tus ojos
palabras a medias
recuerdos de sueños
ríos de sal
la soledad
y el silencio.

El temblor del movimiento
abre las grietas del tiempo
sacude el polvo
libera grises deseos incompletos.

En la blancura del invierno
donde se mecen tus pasos erráticos
te abrazo simplemente
te hablo
te escucho
te guardo en mi mente.

En el peso de las consecuencias
el recuerdo teje su nido
ecos lejanos huyen del frío
la oscuridad se estanca
sobre la mesa de siempre
sobre tu espalda
en tus manos
en tus ojos que divagan el presente.

Veo lluvia en tus ojos
palabras a medias
luz de estrellas
recuerdos de sueños
ríos de sal
el olvido
la soledad
y el silencio.