20 de septiembre de 2017

Ahora

En medio del silencio aparente de la naturaleza puedes encontrar la paz junto al pulso infinito de la vida. Basta con desprenderse de lo inasible y disfrutar el único instante real de existencia: el ahora.

Somos

Aun cuando el cielo se oculte entre nubes, la certeza es única, mas allá de la tormenta en el espacio exterior nuestra estrella sigue fusionando hidrógeno, la luz permanece intacta. Mientras tanto sobre la superficie terrestre las nubes negras regalaran lluvia, es simple, somos parte de un todo.

Solo así

A veces, para encontrar paz es necesario soltar las velas al viento y en el caos del océano tarde o temprano la tranquilidad emergerá; toda travesía tiene tormentas y mares calmos, solo así se aprende a ser un buen navegante en el universo de la vida.

Era tu imaginación

Sentado aquí, esperandote, sintiendo el frío que solo el verano puede entregar. En medio de mis sueños suelo despegar mis pies del suelo y caer en un abismo infinito, pero todo pasa, todo cambia, hace días que no descubri que te alejaste y no fui yo quien dijo adios, en esa certeza luminosa un peso cedio de mis hombros y todo es como observar las nubes en el cielo, con ellas puedes imaginar que son cualquier cosa un animal, un beso, una noche; al final lo único que es real es el silencio y todo lo que sentido en ese instante, porque aquello que creiste ver flotando sobre lo azul es tan solo producto de tu imaginación.

El cielo, el sol y el mar

A pesar de ser otro mar, el cielo es el mismo, ¿no crees? Tan grande y tan pequeño es nuestro planeta, no deberíamos de subestimarlo. A veces pienso que todo el mundo es igual estés en donde estés, el mismo mar, la misma arena, el mismo cielo, las mismas nubes, la misma luz. Tal vez no he visto más allá de mi ventana, tal vez aún me falta mucho planeta por recorrer, pero siempre he tenido la certeza de que todo lo nuevo intentamos verlo como algo cercano, intentamos encontrarle parecido a algo ya conocido, para no sentirnos alienados, para no sentirnos lejos de casa, sin darnos cuenta de que el sitio donde tenemos raíces es el corazón y este siempre viaja con nosotros. Así estemos en el fin del mundo, el sol será el mismo y el mar será siempre como el mar que de niños conocimos.

Saudade

He tomado el tiempo con las manos, deshilache cada silaba de mis recuerdos, reviví cada año entonces: sentí de nuevo el frío metálico del refrigerador, escuche a las palomas en el troje, vi a los gatos amarillos en el corredor, camine por una casa que ya no existe, nade en las profundidades somnolientas de cientos de viajes, grabe canciones de la radio en cassettes, olí el chocolate y la tierra mojada, perseguí luciérnagas en los charcos, corrí en calzones por las calles sin pavimentar, cansado encendí el tocadiscos de mi padre para dormir en la supernova perfecta de mis memorias. Hoy amanecí en el tembloroso abrazo de un sentimiento sin definición exacta: Saudade.

Entonces y por siempre

Era viernes. Lo fue entonces y lo será por siempre. Como el tiempo, todo fluye, todo cambia eventualmente. Pero hoy solo tenemos los recuerdos del ayer y la esperanza del mañana.

Aun era lunes

Al abrir la puerta, en la penumbra, vi un pequeño bulto en el suelo. Encendí la luz, vi sangre seca y plumas alrededor del cuerpo, estaba simplemente fragmentado. 

Hay maneras más sutiles de matar, pensé, levante con mis manos los restos del ave, a mi espalda una voz susurraba, gire mi cuerpo, una sombra indefinida me observaba, me acerque lentamente, una nebulosa de voces giraban dentro, ofrecí como en sacrificio los restos del pájaro cercenado que aún tenía en mis manos, en cuanto la oscuridad me cubrió todo explotó.

Al abrir los ojos un dolor ciego llenó mis pulmones, todo estaba cubierto por un velo negro pero podía escuchar que llovía copiosamente, ahora lo sabía nada era como antes y sin embargo aún era lunes.



Una hamaca en el corredor



Podcast hecho por: Amparo Fernandez, Beltisa
Texto y video de Bismark Estrada

5 de enero de 2015

De noche

 Esta noche es sincera, como el silencio de los muertos, como el inequívoco razonamiento de que el mar jamás se detiene. Esta noche es así: simple, sin pretender nada. Ligera y fluida, lenta pero segura en su andar sobre nuestros ojos.

No se puede evitar el tiempo, ni tampoco se puede detener el sufrir sus consecuencias, somos entes temporales y envejecemos lentamente.  No recuerdo el momento exacto donde comprendí que envejecer no significa la muerte, simplemente es un estado más de la materia, la nuestra por supuesto, la humana.

A veces necesito detenerme a mirar el cielo y sus estrellas, reconocer sus constelaciones, darme cuenta de que también esos soles lejanos envejecen y cambian, que son como nosotros, diferentes pero hechos de la misma materia que se originó en el bing bang.

Cuando una estrella fugaz se cruza en mis observaciones me gusta pensar que aún es posible creer en deseos, pero no formulo ninguno, lo guardo para cuando se requiera, es que a veces en la vida los deseos los ocupan otras personas, entonces se los regalo sin que se den cuenta.

Me gusta en las noches escuchar el mar en la lejanía, sentir el ir y venir de las olas, en el rugir que se cuela entre las palmeras de la orilla que magnifican el eco que llega a mi cama. Me arrullo en el sonido y me duermo navegando en infinitas posibilidades que mi mente ofrece. Los sueños son hechos inevitables, con un exceso de posibilidades increíbles, pero esta noche los sueños se antojan absurdos, siendo realistas, son imposibles.

Esta noche es sincera, me habla serena y fría, me recuerda que la vida es un ciclo, y que todos los días se tiene la oportunidad de comenzar otra vez, de equivocarse, de caerse, de levantarse, de aprender , de sentir, de vivir, sobre todo eso: vivir.

El mar jamás se detiene tampoco la vida, tampoco el tiempo. No pretendo nada esta vez, simplemente observar la luna y calibrar mis pensamientos en esta noche liviana que poco a poco camina sobre mis ojos.