5 de enero de 2015

De noche

 Esta noche es sincera, como el silencio de los muertos, como el inequívoco razonamiento de que el mar jamás se detiene. Esta noche es así: simple, sin pretender nada. Ligera y fluida, lenta pero segura en su andar sobre nuestros ojos.

No se puede evitar el tiempo, ni tampoco se puede detener el sufrir sus consecuencias, somos entes temporales y envejecemos lentamente.  No recuerdo el momento exacto donde comprendí que envejecer no significa la muerte, simplemente es un estado más de la materia, la nuestra por supuesto, la humana.

A veces necesito detenerme a mirar el cielo y sus estrellas, reconocer sus constelaciones, darme cuenta de que también esos soles lejanos envejecen y cambian, que son como nosotros, diferentes pero hechos de la misma materia que se originó en el bing bang.

Cuando una estrella fugaz se cruza en mis observaciones me gusta pensar que aún es posible creer en deseos, pero no formulo ninguno, lo guardo para cuando se requiera, es que a veces en la vida los deseos los ocupan otras personas, entonces se los regalo sin que se den cuenta.

Me gusta en las noches escuchar el mar en la lejanía, sentir el ir y venir de las olas, en el rugir que se cuela entre las palmeras de la orilla que magnifican el eco que llega a mi cama. Me arrullo en el sonido y me duermo navegando en infinitas posibilidades que mi mente ofrece. Los sueños son hechos inevitables, con un exceso de posibilidades increíbles, pero esta noche los sueños se antojan absurdos, siendo realistas, son imposibles.

Esta noche es sincera, me habla serena y fría, me recuerda que la vida es un ciclo, y que todos los días se tiene la oportunidad de comenzar otra vez, de equivocarse, de caerse, de levantarse, de aprender , de sentir, de vivir, sobre todo eso: vivir.

El mar jamás se detiene tampoco la vida, tampoco el tiempo. No pretendo nada esta vez, simplemente observar la luna y calibrar mis pensamientos en esta noche liviana que poco a poco camina sobre mis ojos.

31 de octubre de 2014

No sé

Yo no sé del protocolo de la muerte, pero supongo debe haber reglas básicas al momento de cumplir este irremediable momento.

Curioso es que jamas un funeral es como se ve en el cine o en la televisión, no hay orden, no hay palabras bonitas, no todo el mundo viste de negro, no bajan el féretro lentamente, nadie tiene flores en las manos para lanzarlas como ultimo detalle y los llantos son mucho mas dramáticos de lo que uno podría esperar.

No sé, será que los funerales en la costa del pacifico mexicano no se prestan para tanta ceremonia y tanto ritual. El calor agobiante, los llantos inunda la atmósfera, los músicos estorban, los insectos pululan por todos lados y la prisa es la regla general al momento de abandonar bajo tierra a un ser humano.

Tengo miedo a la muerte, supongo es lógico, pero también tengo miedo a envejecer, aunque jamas me había puesto a pensar en ellos hasta que la muerte parece apuntarte súbito una tarde de agosto cargada de humedad y sin rastro aparente de lluvia. Entonces me di cuenta de que cada día es un paso mas para convertirse en polvo, nadie sabe cuando llegara ese momento, ni las causas, pero todos sabemos que vendrá. Pero concentrarse en la cotidianidad no permite ver el hecho, de que así como el universo traza su camino hacia ninguna parte, así nuestro sistema solar gira sobre la galaxia y nuestro planeta alrededor del sol y nuestra vida es relativamente poco comparado con los ciclos estelares. He meditado tanto sobre eso y me parece imposible, pero es así, al menos eso lo sé, el tiempo pasa y con ello mi juventud comienza a deteriorarse lentamente y saberme viejo es agridulce, sobre todo cuando aun no me veo como un adulto en forma.

Hay tanto que no sé aun, que temo envejecer antes de poder cumplir lo que he soñado. Pero al menos ahora tengo la certeza de que hay una fecha limite y la vida es solo eso, aprender, disfrutar, sentir y cumplir un ciclo en este universo que viaja sin rumbo fijo y que consigo lleva galaxias y estrellas, donde simplemente somos un momento.